Siento, vivo & luego escribo.


Vivir

Un día despiertas con todas las heridas cerradas, casi como si el dolor hubiera sido una ficción escrita en otro idioma. No quedan marcas, ni cicatrices, ni siquiera ese sutil relieve que el sufrimiento suele dejar sobre la piel; incluso se nota en la curva espontánea de tu sonrisa y en la claridad limpia de tu mirada lo bien que estás, lo mucho que te has recuperado de ti misma. Son esas segundas oportunidades que valen oro, tesoros que la vida te entrega cuando ya no intentas pelear contra la corriente, sino que te dejas llevar por ella.

Vivir solo cuesta vida, es el único precio que pagamos por el derecho a sentir, y aquí estás tú, finalmente dispuesta a saldar la cuenta. Estás dejando atrás un mar de ideas que ya no pesan, pensamientos que se deshacen como espuma, vivencias que ya cumplieron su propósito y entendimientos que ahora son solo sabiduría silenciosa. Sueltas las preocupaciones y los misterios que antes te robaban el sueño, abriendo los brazos para sentir a pleno el aire fresco de la nueva mañana, esa que te da la bienvenida con una luz distinta a tu nuevo día.

No dejes jamás de soñar, querida, porque en la oscuridad fértil de tus sueños es donde brota la semilla que luego se hará bosque. No importa cuántas veces hayas creído que el terreno era árido; hoy la tierra está húmeda, el cielo está abierto y tu espíritu está listo para el asombro. Camina despacio, sintiendo la tierra bajo tus pies, sabiendo que ya no necesitas armaduras para ser invencible.

Tortuga Rosada.



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