Relato del muerto I

Tuve un lapsus de tiempo donde desconocí la coherencia, mis actos eran reflejo de una constante persecución por lo imposible, donde mi mente jamás descansaba; siempre buscando “la tuerca” al asunto. He ahí donde encontré la solucion, pensé, en silencio, callado. Todos los días me había dispuesto a mecanizar mis movimientos, enroscados en la inútil tarea de entenderlo. Las posiciones de mis dedos ya reconocían el dolor del intento, del fracaso constante al intentar tocarlo. La respuesta era simple, aquel dolor-si bien cada vez dolía menos, dañaba más. Todos los músculos colocaron la huelga en mi cuerpo y me paralicé. Abrí los ojos, estaba viejo, lleno de dudas, con un color gris en los ojos- reflejando la triste idea de que todo aquel tiempo había vivido en la sombra de quien había sido mi más humilde fantasma.

Tortuga Rosada

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