Un break

¿Cuantas veces entre la velocidad de la vida misma nos encontramos un poco, o bastante desbordados y nos cuesta sentirnos con la misma energía que con la que comenzamos?

Es increíble la cantidad de veces que estamos enfocados en llegar que nos olvidamos del proceso, y sobre todo de disfrutarlo. Eso nos genera estrés, a veces un humor irritable, también agotamiento por estar sobre exigiendo algo que necesita mas que nada fluir.

En todos los aspectos que transitamos en esta vida nos encontramos con momentos de tensión donde nos sentimos cansados de lo que venimos haciendo, y muchas de esas veces pensamos que mejor es renunciar y dejarlo atrás porque nos esta empezando a generar un mal estar. La verdad es que no hay un tiempo para las cosas, ni un dictamen que diga en que modo hay que vivir la vida, y cuanto tiempo tiene que duran un proceso. La vida es así, y no es igual para todos. Cada momento es único, porque somos únicos.

Aplicar el descanso en momentos de tensión, sobre todo nos ayudaría a relajar la visual del asunto, a poder encontrar otro punto de vista, a recuperar energía y sobre todo volver a motivarnos con lo que estamos haciendo, porque al fin y al cabo eso es lo que nos trae felicidad a nuestros días, y además de todo es lo que importa realmente, que es sentirse feliz, pleno, alegre, conforme.. bueno, conforme nunca lo veo al ser humano, pero a lo que voy es que si una situación nos tiene bajo tensión y eso nos hace pensar o sentir que debemos renunciar, es ese el momento en donde nosotros como motor debemos bajar las revoluciones y no presionarnos tanto, sino empezar a intentar disfrutar de lo que estamos haciendo, de sentirlo como lo que es, y dejar que el mismo proceso sea también una fuente de satisfacción.

Tomarse las cosas con calma

Pero que necesario es tener paz y sobre todo que nazca de nosotros mismos, que sobre pase las tareas diarias, y los momentos compartidos. Que importante es sentirse comodo con quienes somos, y no dejar nunca de buscar, sin volvernos locos en el camino. Sin perder la omtivacion diaria de la vida misma. A veces es tan facil que todos los asuntos que gestionamos dia a dia nos sobre carguen de emociones y nos empecemos a sentir cansados, que es necesario aprender a tener una conducta basica de cuidado emocional para que podamos vivir la vida más a pleno.

No es una utopia el hecho de vivir en paz, en armonia con el medio y sobre todo con uno mismo. Realmente se puede, la cuestion esta en detectar cuales son las prioridades que tenemos, como primer paso. Enfocarnos en lo que realmente es necesario, darle a cada situacion la importancia que merece, y por lo tanto la atencion que merece. Tomar las cosas por como de quien viene, la energia que damos a diario no es la misma que recibimos, y por eso es muy importante aprender a filtrar y quedarnos con lo que realmente nos aporta.

Son muchos los factores que generan un bienestar en la vida misma, sin olvidarnos que la alimentación física, la alimentación emocional y los pensamientos que manejamos nos traen también un aporte muy grande a como nos sentimos día a día y como encaramos cada proceso.

Zona confortable, no habitable

La zona de confort es tan toxica como cómoda. Este es uno de los aspectos más nocivos que podemos encontrar para llegare a sentir cansancio y frustración. Todo en exceso termina siendo un problema, realmente nocivo para nuestro bienestar. Antes de criticar ala zona de confort y decir todos sus defectos, vamos a definirla.

Según Psicoadapta la zona de confort es se refiere a un estado mental donde la persona utiliza conductas de evitación del miedo y la ansiedad en su vida diaria, utilizando un comportamiento rutinario para conseguir un rendimiento constante sin asumir ningún riesgo, es decir, con el “piloto automático”.
Es un espacio personal compuesto de estrategias y actitudes que utilizamos a menudo y con las que nos sentimos confortables, instalándose en nuestra manera de actuar porque nos sentimos seguros. Es una zona que sólo abarca lo conocido, ese ambiente dónde estamos a gusto y  nos hace sentir seguros porque todo está bajo nuestro control, pero la pasividad y la rutina provoca apatía y vacío existencial, impidiendo el crecimiento personal al renunciar a tomar iniciativas que ensanchen los límites de esa zona.
El bienestar que se siente no es producto de la satisfacción o el orgullo personal, sino de la ausencia de emociones negativas como la incertidumbre o la inseguridad al refugiarnos en nuestro entorno conocido. La zona de confort también es trabajar en algo simple en un entorno seguro sin querer promocionarse, o mantener una relación que da seguridad a pesar de estar a disgusto.

Ahora, ¿Cuales son las conductas que nos describen la zona de confort?

Hay conductas que nos avisan de que podemos tener una vida basada en nuestra zona de confort, y con una autoobservación sincera podemos llegar a darnos cuenta:

– Desmotivación que nos impide crecer emocional y productivamente.

– Vivir inmerso en la misma rutina todo el tiempo y con miedo permanente a tomar algunos riesgos en cualquier ámbito.

– Sensación de aislamiento de la sociedad, vivir solo sin atreverse a iniciar el contacto social.

– Sensación de tristeza y soledad, que en casos más graves puede llevar a la depresión.

SALIR. esc

Salir de la zona de confort en solitario puede ser complicado si se lleva mucho tiempo en ella, pero pedir ayuda a un terapeuta, amigo o familiar facilita mucho la tarea. Plantarle cara al miedo nos hace más fuertes psicológicamente porque nos damos cuenta a menudo de que el temor imaginado no era para tanto, y al ir consiguiendo pequeños objetivos ganamos en autoconfianza, vamos creyendo en nuestra eficacia para alcanzar metas. Cuando hay ansiedad e incomodidad la mente pone excusas para volver a su estado de comodidad, con lo que es mejor anticipar las posibles autoexcusas y verlas como artimañas, cuyo objetivo es racionalizar el dejar de esforzarse por salir. Entonces una buena técnica es mentalizarse para actuar en sentido contrario a lo que nos pida el cuerpo, asumiendo que un poco de ansiedad es positiva para mejorar nuestro rendimiento y aumentar nuestra flexibilidad mental.

Al escapar de nuestra zona de confort comenzamos a tomar conciencia de nuestros miedos y nuestras barreras mentales, de nuestros pensamientos limitantes. Cuando sintamos ansiedad o estrés reconoceremos que estamos en un terreno nuevo e inseguro que hay que explorar, o cuando sintamos envidia de otros que están en el punto al que queremos llegar sabremos qué dirección tomar, aceptando el esfuerzo como un reto. Atreverse a hacer las cosas de otra manera, atreverse a equivocarse y a ir más allá de lo conocido, amplía nuestro horizonte en conocimientos, emociones y crecimiento personal. La vida cambia y el cambio es incertidumbre, y podemos aprender a adaptarnos a situaciones nuevas aceptándolas como un reto, cambiando lo que se pueda de la situación o cambiando nosotros/as mismo/as, reconociendo tanto nuestros miedos como nuestras fortalezas para afrontar la situación.
Se puede aprender a gestionar la incertidumbre.

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  1. Descubre tu potencial
  2. Sé flexible
  3. Diversifica lo que haces
  4. Intenta superar tus miedos y temores
  5. Practica actividades que desarrollen tu creatividad
  6. Mantén una buena red de contactos
  7. Prueba algo nuevo todos los días
  8. Haz actividades independientes
  9. Comparte tu opinión y acepta feedbacks
  10. Crea metas
  11. Desapégate de las redes sociales

Tortuga Rosada

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