Una caricia casi de otoño.

Pequeño, ahí estás, maravillado ante un universo que, sin sorpresas, se detuvo frente a tus pupilas. Paralizado por el inmenso silencio de la oscuridad y la luz, entre las estrellas y los grillos nocturnos, te encuentras. Qué hermoso es verte, completamente inoportuno, en el camino de los más locos enamorados. Unos dirán que estás corriendo asustado; otros… otros ni siquiera te están viendo. Sin embargo, la noche nos invitó a amanecer cubiertos de palabras que le dan sentido al cielo. Quizás no tengamos aún todas las respuestas, pero podemos cambiar algunas de las cosas que no están bajo nuestro control.

Siguiendo el ritmo de la respiración asincrónica de dos, de tres, de cuatro almas, comprendemos que estar en el momento justo para ver no es casual, pero es una coincidencia entre labios y abrazos. Bailarán eternamente en tus recuerdos esos momentos que nos hicimos creer, y aunque no estemos acostumbrados a dejarnos atormentar por el silencio de la noche, esta fue más larga de lo habitual. Sin embargo, al mismo tiempo, fuimos entrando en el día que nos llevó lentamente a nuestros refugios, completamente llenos de nosotros.

Los caminos se fueron abriendo tan lentamente que, en su paso, crecían flores y amanecían nuevos mundos, como en un cuento dado vuelta. Fuimos y vinimos a todos los capítulos, explorando los rincones de nuestras historias, sintiendo en cada paso el peso de lo no dicho, lo que quedó atrapado entre palabras y miradas, lo que quizá nunca lleguemos a comprender del todo.

¿Casualidad? Quizás… O tal vez fue el destino jugando con nosotros, dibujando en cada paso la ruta de lo que sería inevitable. Y mientras tanto, seguimos aquí, danzando entre estrellas y palabras, enredados en la posibilidad de lo infinito, abrazados por la magia de lo que pudo ser y lo que aún puede ser.

Pero entonces, justo cuando parece que la noche está a punto de desvanecerse, un destello de duda se cuela en nuestros pensamientos. ¿Y si estos caminos, que ahora parecen tan ciertos, no son más que reflejos de lo que deseamos ver? ¿Y si lo que creemos conocer es solo un eco lejano de un futuro que nunca será?

La noche respira, el silencio se llena de preguntas que no se atreven a pronunciarse. Nos detenemos, una fracción de segundo en la eternidad, preguntándonos si dar el siguiente paso o quedarnos aquí, en este instante suspendido, donde todo es posible y nada está garantizado.

La oscuridad empieza a desvanecerse, pero la respuesta… la respuesta quizás nunca llegue. Y así, en este cruce de caminos, seguimos, con la certeza de lo incierto, sabiendo que la historia, aunque inacabada, ya nos ha transformado para siempre. ¿Será este el final? ¿O simplemente el preludio de algo que aún está por descubrirse?