Siento, vivo & luego escribo.


Tangible.

Sentí que había rozado algo, aunque se percibía como un eco lejano, completamente ajeno. En realidad, solo estaba navegando en las aguas profundas de mis pensamientos, mientras tu mirada, con esa sonrisa entrelazada en mi café, dibujaba un sutil espejismo.

El resultado fue inevitable, palpable, la consecuencia ineludible de todas las piezas unidas en un susurro perfecto. Bajo la luz de una luna menguante, su brillo moribundo se deshacía en un cielo estrellado, como fragmentos dispersos de un secreto que nunca terminó de revelarse. Los aromas de una primavera prematura envolvían esa escena, anticipando el verdadero significado de lo que soy, de lo que somos. Eso me pertenece, sí, y obedece a cada una de mis intenciones, como un reflejo íntimo de mis deseos más profundos.

Una parte de mí permanece, y la otra se desvanece en recuerdos difusos, como un rayo de luz que lentamente pierde su intensidad, apagándose con elegancia, dejando apenas una estela detrás.

¿Cuál es la palabra? La palabra que busca darle sentido a todo, la musa que insufla vida a la sinfonía, la respuesta que despeja cualquier incertidumbre. El poema perfecto que te permite sentir el aroma de una flor, con sus gotas de rocío que realzan sus colores en la penumbra del amanecer.
¿Cuál es la palabra? La busco cuando me adentro en la marea de mis pensamientos, como si cada idea, cada emoción, fuera una piedrita que esconde un tesoro marino.

Es un círculo, eterno, inmutable, en constante movimiento. Es calor, refugio, un rincón que huele a hogar, con la frescura del verano en sus rincones. En invierno te envuelve, y en primavera te renueva. Y ahora lo veo con claridad.

Al final, lo que busqué siempre estuvo aquí, danzando entre nuestras miradas y nuestros silencios. Lo encontré, pero siempre estuvo más allá de mí, más allá de ti. Porque el destino nunca se construye solo, siempre necesita dos manos, dos almas que se entrelacen, para que el círculo se complete.

Tortuga Rosada.