Me dispuse a saborear el eco de tu esencia,
los pasos que la vida tejió hasta este instante.
Es bella la luz que entra por la ventana,
cuando tu silueta se filtra en mis mañanas,
y al abrir los ojos, el mundo se ordena,
tan sencillo, tan sereno, tan lleno de ti.
Me he dejado llevar, suave y sin prisas,
por el cauce de tu río,
donde nuestras aguas se entrelazan,
creando un ritmo perfecto,
que fluye en la tierra fértil
de nuestra casual coincidencia.
Todo se resume en tu sonrisa,
en las caricias que aún vibran en mi piel,
como el eco de un susurro que se niega a desvanecerse.
Y cada tanto, sin aviso,
tu recuerdo resuena,
y mis células bailan y cantan,
deseosas de verte llegar,
una vez más,
como quien no quiere la cosa,
pero lo anhela todo.
