Siento, vivo & luego escribo.


eternidad.

Quisiera ser aire, para volar.
Ser hecha de fragmentos que, invisibles,
se vuelven viento… un huracán.
Arrasador es el pensamiento,
que atropella torres de certezas,
dejando escombros de emociones dispersas,
brillando en su propia soledad.

Cada instante deja su marca,
algunos recuerdos se esconden en cajones oscuros,
con rótulos de “mejor no mirar”,
mientras otros quedan como portada
de un ciclo que nunca supo si era suyo.

Me gusta imaginar que las emociones son como los elementos:
cambian de forma, color, estado y hasta sabor,
según el roce de la piel con el tiempo.
Me gusta pensar que la combinación es infinita,
que nunca hay una igual a otra,
como el agua que nunca se deja atrapar.

Y lo extraño es cómo, a veces,
un simple aroma te devuelve al instante exacto
en que fuiste fuego, o nieve, o marea alta.
Pienso demasiado. Y por eso quisiera ser viento,
para barrer lo agrio de lo que se pudrió en el fondo,
por el miedo a volver a sentir.

Quisiera ser viento para rozar tu piel,
susurrarte secretos que olvidaste,
levantar tus hojas caídas y llevarlas lejos,
donde puedan florecer de nuevo.
Ser brisa en tus mañanas y tormenta en tus noches,
ser aire,
ser libre,
ser todo…
y nada a la vez.

Tortuga Rosada.