El instante que lo contiene todo

Muchas veces —más de las que admitimos— nos sentamos en silencio, con la mirada perdida en algún rincón del alma, y nos preguntamos: ¿Qué estamos haciendo? ¿Hacia dónde vamos realmente? ¿De dónde venimos, y qué parte de ese camino quisiéramos borrar?

Arrastramos días como si fueran maletas llenas de recuerdos, algunos dulces, otros amargos, y en el fondo de cada uno hay una voz que susurra: ¿Esto era vivir?

Queremos respuestas. Queremos sentido. Pero nos olvidamos de algo esencial: el ahora.

Sí, este instante —tan sencillo, tan silencioso, que a veces no parece nada—es en verdad todo. Porque el presente es el único lugar donde el pasado sana y el futuro se construye.
El único sitio donde podemos soltar lo que nos pesa sin miedo a que se rompa. El único donde la vida respira de verdad, sin juicios, sin promesas, sin disfraces.
Pero estamos lejos, tan lejos a veces…Encerrados en las habitaciones del “antes”, o en los espejismos del “después”, corriendo detrás de metas que olvidamos desear, o huyendo de heridas que nunca quisimos ver.
Y entre tanta historia, tanta parafernalia, tantos nombres y rutinas, tantas urgencias disfrazadas de importancia, corremos el riesgo de olvidarnos de nosotros mismos.

Y sin nosotros, el presente no tiene testigos. Sin presencia, no hay presencia.

Entonces, respira.
Detenete un instante.
Miralo bien: la vida está acá,
no allá, no mañana,
no en ese lugar perfecto donde todo encaje —
porque tal vez nunca encaje,
porque somos río, no piedra,
un pulso que no se repite.

Es ahora.
Justo ahora.

En este segundo que pasa sin ruido y sin pedir permiso, tienes el poder de transformar el futuro y el alivio de abrazar el pasado.
No necesitas tener todas las respuestas. No necesitas llegar a ningún lugar.

Solo estar.
Entero.

Vivo.
Despierto.

Porque este instante —este pequeño milagro que muchos llaman “nada”— es, en verdad, todo lo que alguna vez tuviste. Todo lo que alguna vez tendrás.

Y todo lo que verdaderamente importa.

♥️