Se habían terminado las palabras, no quedaban mas susurro a la media noche, ya no sabia de paradojas ni menos de magia. Estaba todo tan calmo, que ni la calma se atrevía a pasar mucho por allí.

Recuerdo que había una pequeña sensación de ahogo, todos los recuerdos y situaciones donde había pisado, caían fuerte sobre mi cuerpo y sin saber con que propósito volvían a golpear la puerta, estaban ahí, pensando. Como toneladas en hilos finos, llevándome hacia el suelo; de todas maneras, estaba en calma, ya había sido mucho el caminar, y las corridas contra la corriente, como para estar ahora luchando con lo que no se puede cambiar.

Ya no podía reflexionar, ni pensar porque, ni que. Nada, absolutamente agotada de todo el camino de la vida, de todo. Cansada. 

Mezclada, saturada, triste, sin poder soñar, en un laberinto de ideas tan vacías como reales, estar ahí enfrentándolo todo otra vez, nunca se había ido, y quizás nunca se vaya. 

Es todo, y a la vez no es nada, no existe y al mismo tiempo esta ahí, pasando en el pasado, marcando mis pasos y haciéndome sentir confundida.

Tortuga Rosada.

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