Sanar las raíces.


¿Me gusta de donde vengo? ¿Me representa? Muchas veces me la pase pensando en que negar ciertas cosas o ignorarlas me iba a ayudar a manejar las emociones que no sabía procesar.


Bastó una decisión de mis padres para que mi vida cambiara para siempre. Desde ese 31 de Diciembre de 2007 mis días no fueron iguales uno del otro. Pase de tener las mejores comodidades a tener que enfrentarme a una vida en carpa. A que había personas que podían ser muy amables, y otras que podían ser muy malas.

No son todas las historias cómicas y románticas. Hay algunas historias que tienen penas y preguntas sin responder. Hay historias que tienen calma y otras torbellino.

Esta historia aún no se que tiene, porque depende cómo la miro, es como la siento. Y hay veces que ni la siento, que la veo y no la reconozco. Digo… ¿esto me pasó a mi? Y es que a veces me doy cuenta lo lejos que estoy de quien fui en esos tiempos, que se me hace difícil reconocerme como adolescente.

Esta es una historia que no se quiere ni contar a sí misma, sus personajes aún se cuestionan los movimientos y siguen interpretando los días que pasaron.

¿Se imaginan lo que se debe sentir saber que le cambiaste la vida a alguien, que le diste un rumbo y que todo eso casi fue letal? Pero no lo fue, no se asusten. Todos sabemos que en la adolescencia vemos todo un poquito más exagerado…. o no?

Después de casi 13 años del primer día mas triste de mi vida, les puedo decir que todas las cosas que atravesamos están ahí para nosotros por que así debe ser. Incluso la cosas que vienen de afuera, porque no todo es porque si. Y aunque el orgullo de no querer saber a veces nos impida entender, cada día tiene lo suyo. Esta vida fue y es para ser vivida.

Y ahora tirada en el pasto que me vio llorar, abrazo siempre todo lo que fui, por que todo lo que fue es lo que soy.

Tortuga Rosada

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