Desde que recuerdo siempre analicé cada situación que vivía con reflexión, buscando el motivo, el motor, el ADN… el tan querido “¿Por qué?”. Siempre buscando el razonamiento lógico ante cada vivencia para poder aceptarla rápidamente.
Muchas veces me ganaba la ansiedad al intentar entender por qué las cosas pasaban como pasaban, sobre todo las que yo creía más injustas, porque eran las que, a mi propio juicio, consideraba erróneas, dado que no me las merecía, o eso creía yo. Hasta que un día mi madre muy humildemente me dijo “Quizás vos pensás que es eso lo que tiene que ser, pero ¿si hay algo mejor aún que al no conocerlo no sabes que existe para vos?”… Y me volvió loca, porque cuando entendí que hay todo un mundo afuera de mi consciencia, que yo no conozco y lo estoy perdiendo por no darle la oportunidad de aparecer, y que podía sorprenderme de manera maravillosa… aprendí a soltar. Y empezaron a pasar cosas.
De todas formas, siempre termino queriendo entender, nada más que en este último tiempo digamos que el entendimiento es en otro plano, y no tiene tantas palabras, sino, que está cargado de emociones y de vida… de energía que me hace entender, inclusive.. aún mejor.
Pero últimamente, y sin conocer nada más que mi vida hasta hoy, vengo teniendo una emoción que no conocía, pero me generaba confianza, mucha, en todo lo que estaba haciendo.
Desde el nacimiento hasta que la emoción se manifiesta, son milésimas de segundos dónde todo tu cuerpo se conecta con el todo y es ahí cuando decís (sentis)… “Aaaaaaaaaaaaahh, con razón”.
Las emociones, lo que sentimos, lo que vivimos, lo que nada en nuestro interior hay que escucharlo, y no es una voz que habla claramente en idioma español, or in english o portugués. Habla desde el lenguaje claro del amor, y del amor que hay en cada partecita de nosotros, que nos construye y nos invade.
Estar despiertos, es tener la capacidad de sentir lo que está más allá de toda esta vida, y que nos toca despacito por los lugares más sensibles, es esa sonrisa que te nace casi que sin querer al mirarse a los ojos, o recordar un momento especial.
Estar despiertos, es saber amanecer en nuestras pieles y llenarnos de oxígeno respirando lo que nace desde ese centro que tanto nos identifica.
Estar despiertos, es poder comprender emocionalmente que sentimos, y poder entender hacia dónde vamos.
Poder «hacerle caso» al cuerpo, y parar en los momentos justos, o seguir hasta dónde sea el destino.
Estar despiertos, es dejar de analizar tanto las situaciones, las personas, los momentos, la vida, y simplemente apreciar el paisaje, cómo quien viene por la ruta a 90 k/h y decide parar, llegar más tarde, da igual y observar lo verde del horizonte… la casualidad de esa vegetación en convivencia perfecta. Parar y respirar ese oxígeno que viene recién salido de la cocina, hecho con mucho amor de ese ecosistema que está ahí, conviviendo a tu lado, en silencio, pero nunca quieto.
Y en ese momento de respiración profunda, los pies sienten el suelo debajo, las piernas, el peso de todo tu cuerpo, tu pecho se infla con aire prestado de la pradera… eso es estar despiertos.
Tenemos que parar, parar y respirar. Parar de pensar y dejar que las emociones nos guíen y nos lleven por el camino a destino, que pueden ser muchos destinos, muchos caminos, muchas praderas.
Te deseo que estés despierto para no perderte nada de lo que está ahí para ti. Aunque también sé, que todo llega a su tiempo. Entonces, cuando lo sea, te deseo el poder de disfrutar y sentir el placer de estar contigo ahí, en ese lugar lleno de vos y con todas las certezas de que encontraste la respuesta.
Me despido de las letras, pero me quedo un ratito más tirada en el pasto, sintiendo la brisa de la primavera que se marcha hacia otro hemisferio… me quedo con el sol abrazándome con su calor toda la piel y mi paz echando raíces en este campo que no es mío, pero me recibe y nos nutrimos.
Salú, and wake up.
Tortuga Rosada.
pd. Cuando crees de verdad, todo pasa. Confía.


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