Entonces un día desperté, ahogada en llanto. No sabia ni porque había permitido que ese año se convirtiera en parte de mi vida, me había ahogado tanto que me había despertado. Como si mi propio cuerpo tuviera la idea de despertarme de ese mal sueño dándome un sacudón sin oxigeno. Sentí que me habían quitado un gran peso del pecho, y pude aflojar los músculos, salio todo para afuera, incluso la idea de que alguna vez eso haba sido real.

Tortuga Rosada

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