Queria

La brisa de la noche que caía lo despertó. Al abrir los ojos, se dio cuenta que el tiempo había pasado, y mucho tiempo había sido. Se detuvo en ese segundo donde su cerebro parecía iniciar el sistema y corría con la ventaja de no saber que día era, donde estaba ella, que era el amor, el dolor, no sabia donde estaba la suerte de correr descalzo, no tenia sueños ni miedos, ese segundo donde el cerebro lentamente comenzaba a entender toda la información que poseía, y a iniciar el sistema.

Se sentó en aquel sofá donde percibía que se había quedado dormido hace siglos, con su libro en la mano, las piernas aun dormían, miro a su alrededor y en ese instante la calma y la ignorancia de toda su vida se le fueron de un soplido, como si un viento huracanado de golpe tirara su casa abajo, se le apretó el pecho. Recordó a la perfección, que hace años estaba la taza de té sobre la mesa, donde ella la había dejado antes de partir, se entendió y reconoció, repitiendo la misma rutina, todos los días, como para retenerla en el instante, como actuando el mismo acto de su libreto, una y otra vez, como si así, ella fuese a aparecer en la escena, con el pelo suelto, un buzo de un talle claramente no de su tamaño, con los pies descalzos y esa manera de ser tan burlona de la vida, como si salteara clavos con risas a diario. 

No pudo creer, estuvo todo el día con esa angustia en el pecho, que le apretaba tanto que apenas podía respirar, estaba cansado ya, muchas veces se preguntó el porque de las cosas, cuestiono a Dios, al diablo, a desconocidos, culpo a inocentes, hizo teorías, y se hizo catedrático de karmas, para entender porque hoy le tocaba ser solo un recuerdo, alimentado de vivencias, que ya estaban tan lejos de su piel, que parecían un sueño, un delirio… realmente había pasado?

Volvió al sofá, se reconforto en saber que aun no había terminado aquel libro que ella le tiro por la cabeza un día que se enojo con él, pero otra vez esa pequeña luz de esperanza que se le había encendido, se apago al recordar que él sin saber, ese fue el ultimo gesto de importancia, si el hubiera sabido que ese iba a ser su ultimo impulso con sus manos, que ese iba a ser el último bombeo de su corazón, que esa noche ella iba a dormir eternamente, hasta convertirse en raíz del suelo donde luego la enterrarían, hubiera sido así?… Y el pobre hombre no solo se desplomó en llanto, sino que se dio cuenta que ya no tenia remedio, estaba completamente entregado a la vida de la manera mas incomprendida posible, aun no podía dejarla ir.. y eso ya entendía que era de por vida.

Hoy cuenta la leyenda de aquella pequeña aldea al oeste de una gran cuidad, que aquel hombre, no solo dejo de repetir el último día de su vida, todos los días, sino que ya se había olvidado de su propio nombre, avergonzado por haber perdido tanto tiempo en vida de su gran amor, y ahora estar sin…, sin aire, sin luz, lleno de recuerdos olvidados, una foto desgastada de lagrimas, 

Los que pasaban por allí no se atrevían a mirar, había tanto dolor en esa casa, que aun parecía que estaban en el día que ella se fue.. dicen algunos que lo escucharon susurrar su nombre por las noches, que le tiene  una pequeña esperanza..

..que existiera vida, aun después de ser raíz de tierra y convertirse en magia.

Y aun así, estaba aterrorizado, ¿Acaso ella lo recibiría?…

Tortuga Rosada

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