Tosco

No había más frío que la nieve esa noche, sus demonios estaban completamente dormidos, y eso le permitía poder divisar el mundo a través de su ventana. Estaba seguro que si no ejercía ningún tipo de ruido, ellos se quedarían dormidos, y así podría investigar las emociones que tenia reprimidas, en ese corazón que se había llenado de odio, después de tantos años de soledad. No entendía porque las cosas no le habían salido como quería, el solamente quería estar solo y en paz, pero en esa soledad se encontró con un montón de enemigos, de todas las veces que se guardo la palabra, y se le enfermo el corazón de una manera tan fatal, que se le oscurecieron los ojos.

Camino hacia la sala, convencido que por primera vez estaba completamente solo, y se acurruco frente a la estufa que no sabia ya porque tenia, si nunca la prendía. Se empezó a llenar de coraje, se levantó. Sin ponerse abrigo alguno, en su trance de soledad completa, salio afuera, junto alguno de los pocos troncos que quedaban del invierno pasado, y con unos papeles que habían entrado por debajo de la puerta, comenzó el fuego, ese fuego represento la vida, el calor, el abrazo, y acompañando esa tibieza armónica que se comenzaba a expandir por la casa, el empezó a sentirse acompañado por si mismo y eso le dio mas calma aun.

Se arrimo a la cocina, acomodo algunos trastes y comenzó el acomodo, empezó por lo mas tedioso, ya que le daba satisfacción cada minuto que pasaba y el se acomodaba, se limpiaba, se organizaba. Se fue enfrentando con la realidad de que estaba completamente ignorado por si mismo, que se había atrevido a dejarse a un lado y quedarse vagabundo en un mar de ideas retorcidas, enfocadas en otros y completamente inexplicables.

En un momento, su mirada pasó por la ventana, y estaba amaneciendo, el fuego a penas podía quedarse encendido, pero todo a su alrededor estaba bien, había pasado la noche ordenando su casa, limpiándola, pensando en el mismo, había tenido el coraje de verse al espejo y reconocer sus errores, su bronca y sus penas, había empezado a quererse y con ese simple movimiento, mato a todos los demonios, y no volvieron a nacer en el.

Es que la rabia tiene eso, nos llena, pero de la emoción equivocada, nos hace pensar con los pies, nos pone unos lentes que no nos permiten ver la realidad, nos sacude para mal, nos convence del egoísmo y de la bobera. La rabia es confusa, cambia de opinión, nos hace tener taquicardia, no nos permite amar.

Y no es que ya no la sienta, si la siente, pero aprendió a dominarle a no darle un lugar representativo, se tiene que quedar ahí abajo, como una luz que se prende de alarma cuando algo que sucede no nos gusta, pero no la dejó dominar. Cada tanto le pasa, que viene, que sacude, que lo pone tosco, y le dan ganas de romper alguna madera, con sus manos grandes, pero prefiere mimar al perro, ir al bosque y juntar leña. Aprendió, con ese corazón cicatrizado a canalizar las energías, a no permitir que nada interfiera con su soledad, que el se siente bien solo, porque aprendió a sentirse, y no quiere que nada lo haga caer.

Tan fuerte se hizo este hombre, que podía hacer los panecillos mas suaves de toda la aldea, y al mismo levantar un toro si era necesario.

Y todo esto sucedió , porque el comenzó a creer en lo que nadie había podido creer jamas, en él mismo.

Tortuga Rosada.