Es tu ternura la que me cura, la que me guía cuando no sé hacia dónde ir.
Son tus ojos los que le dan norte a esta aventura, los que me recuerdan que siempre hay algo increíble por descubrir.
Son tus manos las que dibujan todo el universo
en el que yo quiero estar.
Es tu risa la que le da ritmo a nuestra canción,
la que llena de luz hasta los días más difíciles.
Es tu abrazo el que transforma cualquier lugar en casa.
Es que es tu forma de mirar el mundo la que me enseña a ver más allá del horizonte.
Es cada pequeño gesto tuyo el que me recuerda que el amor no siempre necesita palabras, que a veces vive en una mirada, en una sonrisa, en un abrazo que dura un poquito más.
Es tu existencia la que cambió mi manera de entender la vida. Porque antes de ti yo conocía el amor, pero contigo descubrí que el amor es invencible.
Es verte crecer lo que me llena de orgullo y, al mismo tiempo, me enseña a soltar.
A entender que mis brazos no fueron hechos para detenerte, sino para darte un lugar al que siempre puedas volver.
Es tu camino el que quiero ver desplegarse, aunque a veces quisiera guardar para siempre
cada una de tus edades, cada risa, cada abrazo, cada pequeño momento en el que todavía eras un poquito más mío.
Es tu felicidad la que quiero cuidar, no para evitarte las tormentas, sino para que nunca olvides que puedes atravesarlas.
Y si algún día la vida te pesa, si el mundo se vuelve demasiado grande o no encuentras el norte, recuerda que siempre habrá una luz encendida para ti.
Porque eres mi aventura más bonita, mi canción favorita, mi lugar seguro.
Y si pudiera pedirle algo al tiempo, no le pediría que te hiciera quedarte pequeño.
Le pediría que me dejara acompañarte mientras descubres quién eres, mientras construyes tu propio universo, mientras vuelas tan lejos como quieras.
Y aunque algún día tus pasos te lleven lejos de mí, habrá algo que nunca cambiará:
serás siempre mi Fran, y yo siempre seré tu mamá.
Siempre juntos.
Con todo mi amor.
Mamá
