Frío

Serena, caía la noche,
frío, despacio..
Encendimos la charla con un poco de nostalgia,
eramos dos desconocidos, entendiendo la noche.


Cálida, dentro de la noche,
melodías de un silencio nos rodeaban mientras enlazábamos conocimientos, los cuerpos estaban a tope de emoción, las miradas confirmaban la teoría de que la conexión sensorial era todo lo que necesitaban para estar bien. No necesitaban dar detalles de su vida, ni presumir sus logros. Todo estaba dicho en la piel, en las palabras, en las ideas, en las miradas. Contemplar al otro por lo que es, sin prejuicios.


Calma, el silencio de la noche profunda traía silencio y razonamiento. Ya eran pasadas las horas y los temas universales estaban planteados. Las mentes ya conocían los demonios como para detectarlos si aparecían en la sala, y increíblemente no se atrevió a aparecer ninguno, dado que la sincronía de los sentimientos daba paso únicamente a que las horas continuaran su curso, y como la marea serena en una noche de luna llena, llevarse juntos dentro de el amor.

El amor comienza con una chispa, es inevitable. Prácticamente que esta destinado, pero hasta ahí hace el trabajo el destino, luego depende de cada uno cuidarlo, protegerlo, sembrarlo, valorarlo y sostenerlo.

Bailaron, se rieron, y esa noche se enamoraron.

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